Renacimiento
El renacimiento se desarrolla en Europa entre los siglos XIV y XV. Observaremos algunas características de la literatura renacentista y luego realizaremos un análisis literario de la Egloga primera de Garcilaso de la Vega.El término Renacimiento designa el período de renovación artística e intelectual desarrollado en Europa entre los Siglos XIV y XV. En primer lugar vamos a observar una importante imitación de los modelos griegos y latinos. También vamos a encontrar un gran afán de investigación en el ámbito científico con el objeto de lograr una nueva interpretación de los fenómenos naturales. Por otro lado, la visión de mundo se vincula con el pleno goce. Otra característica del Renacimiento es valorar la inteligencia como el descubrimiento de todo. En cuanto a la razón, este se aplica al hombre y a la naturaleza, siendo el primero la medida de la segunda.
Características de la literatura renacentista
- Naturaleza como suma de perfecciones y fuente de placer. La naturaleza descripta está domesticada, idealizada y bucólica. Los pastores, personajes principales generalmente, manifiestan sus penas de amor en la naturaleza, siempre generando un sentimiento melancólico.
- Poesía lírica alcanza un gran desarrollo y expresa una nueva sensibilidad a través de recursos rítmicos. Se expresan los sentimientos amorosos. La forma de expresión de esta poesía es el soneto. En muchas ocasiones aparece un poeta amante que lamenta y canta la imposibilidad de estar con su amada. La mujer tiene características estereotipadas, con ojos claros, cabellos rubios, piel blanca.
- Voz poética: El enunciador que habla en la composición innova en la lírica renacentista.
Veremos un fragmento de “Eglola Primera” de Garcilaso de La Vega:
“Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?
¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
De tus hermosos brazos anudaste?
No hay corazón que baste,
Aunque fuese de piedra,
Viendo mi amada hiedra,
De mí arrancada, en otro muro asida,
Y mi parra en otro olmo entretejida,
Que no se esté con llanto deshaciendo
Hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.