Peter Paul Rubens

Pintor flamenco, figura importante del barroco europeo. Trató en sus pinturas diversos temas religiosos, mitológicos e históricos. Artista prolífico que llegó a ser diplomático y noble en diferentes países, erigiéndose como una importante influencia para varios artistas.
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En “La última cena” (1632), a diferencia de la obra de da Vinci, recoge un conjunto mucho más reunido y compacto. No se presenta una mesa tan extendida sino simplemente se muestra a Jesucristo con sus 12 apóstoles. La iluminación es barroca, tendiendo a la conservación del claroscuro, con fondos totalmente oscuros que contrastan con la iluminación de las telas y de los rostros de los personajes principales.

Peter Paul Rubens (Siegen, Sacro Imperio Germánico, actual Alemania, 1577-Amberes, actual Bélgica, 1640) o como se le conoce en castellano, Pedro Pablo Rubens, fue un artista prolífico que realizó múltiples obras.

“Retrato de la marquesa Brígida Spinola Doria” (1606) es una pintura que denota calidad técnica y una majestuosa interpretación de los materiales, algo fundamental para el artista barroco, pues en estos retratos cortesanos no se podía dejar ningún detalle al azar. El fino satén o seda está perfectamente ejecutado, así como los distintos contrastes entre superficies arquitectónicas y la tela siempre incluida en los retratos reales. Es una de tantas pinturas geniales producto de su taller. Se dice que Pedro Pablo Rubens en ocasiones sólo intervenía para la realización de las manos y de los rostros y tenía todo un ejército de ayudantes y de aprendices que se encargaban del resto de las superficies y detalles, de modo que Rubens muchas veces no tocó las pinturas más que para firmarlas.

“La elevación de la cruz” (1610-1620) se trata de un tríptico en el cual se narra esta escena de la historia del catolicismo, esta vez con un paisaje un poco atípico para las representaciones que hasta la fecha se habían hecho de este suceso. En el panel derecho notamos un cielo turbio y oscurecido con un paisaje sin muchos detalles, a diferencia de los paneles central e izquierdo que presentan una vegetación bastante tupida y sombría que hace un contraste interesante, ya que Rubens propone una gran diagonal en todo el tríptico con la posición del cuerpo de Cristo.

“Daniel en el foso de los leones” es una pintura cercana a 1615. Cuentan los escritos bíblicos que Daniel se desempeñaba como profeta y sabio al servicio de Nabucodonosor II en Babilonia y que fue encerrado en el foso de los leones por un capricho de algunos gobernantes ya que se había decretado que no se podía orar en exceso y Daniel practicaba sus oraciones diariamente. Es así que encierran a Daniel en el foso de los leones pero éstos no le hacen ningún daño. Es liberado y sus acusadores son encerrados en el foso, siendo devorados por los leones al instante. Es uno de esos pasajes bíblicos de los cuales Rubens se vale para realizar una composición genial y magistral, con una iluminación artificial pero, sobre todo, un gran estudio en la anatomía de los animales para crear una composición verídica y coherente.

“El rapto de las hijas de Leucipo” (c. 1618) muestra un tema mitológico, del cual muchos artistas también hicieron variaciones. Muestra una composición muy violenta y muy estudiada ya que todas las líneas que componen ésta imagen fueron cuidadosamente estudiadas por el artista para darle movimiento y dramatismo. Una gran línea curva y la concentración en el centro generan una tensión muy importante que le agrega dramatismo al cuadro.

“Retrato de Luis XIII” es una pintura realizada entre 1622 y 1625, con una excepcional y magnífica terminación en los acabados. Se denota la calidad técnica para desarrollar los metales, el terciopelo y las distintas telas, el pelo, la piel y demás detalles magníficos.

En “El juicio de Paris” (1636), Rubens deja ver el esquema de la belleza femenina del siglo XVII, que muy a diferencia de lo que ocurrió en otras épocas de la historia de la humanidad, como por ejemplo los siglos XX y XXI, aquellas mujeres que tenían kilos de más eran más apreciadas pues esto denotaba una buena alimentación y una clase social alta. Éste era el canon de belleza que atraía a los hombres y del cual Rubens no estuvo ajeno en esta representación.

En “Las tres gracias” (c. 1639), Rubens habría tomado a su joven esposa como modelo para la representación escultórica de estas figuras femeninas ya que representa las distintas carnaciones y proporciones de un modo mucho más realista.

Por el año 1628, estando en Madrid, conoció a Diego Velázquez, con el cual trabó una gran amistad. Fue justamente Pedro Pablo Rubens quien lo animó a hacer aquel viaje hacia Italia que luego haría Velázquez y que marcó su carrera artística.

“Autorretrato” (c. 1639) es uno de los tantos autorretratos que realizó Rubens, no sólo en óleo sino en dibujo y grabado. Muestra a un Pedro Pablo Rubens muy maduro, con un porte de pintor cortesano, famoso y prestigioso dentro del medio europeo. Fue un artista que estableció lazos diplomáticos entre distintos países. Tuvo cinco hijos con su joven esposa.