Gustav Klimt

Pintor austríaco representante de la secesión vienesa. Sus obras simbolistas cargadas de detalles y ornamentos lo posicionan como uno de los artistas más visibles de este periodo de la historia del Arte austriaco. Es conocido por la sensualidad de sus composiciones.
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Gustav Klimt (Baumgarten, 14 de julio, 1862 – Viena, 6 de febrero, 1918) fue un pintor austriaco representante de la secesión vienesa.

“Fábula” (1883) es una de sus primeras pinturas, en la que podemos observar el erotismo de las pinturas de Klimt, y un tratamiento lumínico no sólo en la figura central femenina sino también en las figuras animales y la vegetación que rodea a esta mujer desnuda. El erotismo y la mujer fueron dos de los ejes centrales de la obra de Gustav Klimt.

En “El teatro de Taormina” (1886-88) puede verse una habilidad técnica indudable. Klimt recibió influencias de la mitología griega, ya que visitaba frecuentemente los museos y fue influenciado por las obras de Tiziano y de otros artistas renacentistas. Es por esto que sus primeras obras tienen un tratamiento clásico.

“Auditorio del viejo Burgtheather de Viena” (1888) Es una pintura mucho más atrevida y avanzada intelectualmente. Retrata el interior de esta edificación, no mostrando el escenario principal sino a los asistentes, a quienes retrata casi individualmente, con una precisión fotográfica, abarcando las actitudes y las vestimentas, así como los juegos de luces y sombras. Esta pintura es una acuarela, lo que hace aún más notable el trabajo del artista.

En “Retrato femenino” (1894) observamos que Klimt busca retratos fotográficos para acercarse una manera mucho más verídica a la representación de la figura humana. Vemos influencias de los modernistas tanto en los fondos como en algunos acabados, ya que deja alguna zonas inconclusas deliberadamente, y algunos toques simbólicos, influencias clásicas.

En sus dibujos preparatorios para unas alegorías, “Tragedia” (1897) y “Escultura” (1896), podemos ver que la mujer, el erotismo y la desnudez son ejes fundamentales en la producción de este artista austriaco.

Por el año 1897 se funda la secesión vienesa, un grupo de artistas e intelectuales vieneses que se reúnen para darle un vuelco total a la imagen del artista, darle el estatus que ellos consideraban se merecía su trabajo, y, sobre todo, alejarse del academicismo y de las intenciones económicas que tenía el mercado del arte en esa época.

En “Palas Atenea” (1898) nuevamente la mujer es la protagonista, alzándose con una imponente armadura y una actitud desafiante. La figura dominante de la mujer, victoriosa sobre la figura del hombre, es uno de los temas recurrentes de varios artistas de la secesión. Klimt introduce bastantes zonas doradas y evita dejar espacios vacíos en sus pinturas.

“Friso Beethoven” (1902) es una gran obra que en principio estaba pensada para ser temporal, realizada con caseína y con materiales perecederos. Pero, afortunadamente, hoy en día se conserva. El marcado erotismo de los distintos retratos escandaliza a la sociedad vienesa, y es por este motivo que sus compañeros de la secesión proponen que Klimt salga de este grupo, un golpe que será muy significativo en su obra posterior.

“Las tres edades de la vida” (1905) representa el encuentro de las tres edades, cuando se es un bebé, cuando se es joven y cuando se está en la edad de la vejez. Podemos observar el desarrollo de un sistema de representación pictórica en el cual las distintas texturas y los distintos planos son característicos y muy particulares.

En “Jardín con girasoles” (1905) se observa la intención de capturar un fragmento del todo. Klimt pretendía llenar absolutamente todo el espacio de la tela. Insinúa algunas zonas, como flores y elementos que continúan más allá del marco.

Con “Retrato de Fritza Reidler” (1906), Klimt hace una referencia directa a las pinturas de las infantas de Velázquez, donde los tocados en la cabeza y los grandes vestidos son protagonistas. Es en esta época que Klimt empieza a tener una madurez y un estilo bastante definido, en el que mezcla texturas muy interesantes, como las que se ven al fondo, con múltiples ojos en los vestidos y tocados de las distintas mujeres que representa, en retratos muy fieles a la realidad.

En “El beso” (1907- 08) el erotismo no es tan explícito y se convierte más bien en algo plácido y cándido. Presenta un fondo dorado absolutamente saturado, con una textura maravillosa, un tratamiento en las vestimentas, un pequeño jardín, tan característico del artista, y una zona delimitada en donde el mismo Klimt se retrata con su amante Emily.

“Adan y eva” y “Retrato de Johanna Staude”, ambas realizadas entre 1917 y 1918, dan cuenta de la eterna característica de la obra de Klimt: la mujer y su candidez y erotismo.

Fer Mar Muy buena introducción para acercarnos a la obra de Klimt.